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Arquitectura Popular PDF Print E-mail
El concepto de arquitectura popular es bastante relativo, pues hace referencia exclusivamente a las construcciones habitadas o usadas por el pueblo entendido como la clase o el estrato social más bajo. Es más adecuado el concepto de arquitectura tradicional, es decir, aquel que emplea como materiales los autóctonos y/o los elaborados mediante un proceso manual o artesanal y, a su vez, se lleva a cabo mediante un proceso de autoconstrucción, es decir sin proyecto previo. De esta manera se pueden distinguir diferentes tipos de arquitectura, tipos que incluyen tanto su destino y uso como la diferenciación social. Aquí incluimos también el urbanismo, dado que éste ha obedecido en la mayoría de los casos a una planificación mas espontánea que ordenada por planes municipales.
  En los núcleos de población más pequeños, las aldeas, presentan urbanísticamente una gran diferenciación entre sí, desde ser un pequeño grupo de casas apiñadas sin calles, como es el caso del núcleo de Sendalamula, a tener una sola calle, dos, tres  o unas cuantas más con plazoletas e incluso plazas.  Algunas aldeas conservan la fuente y el pilón en la plaza  o en las afueras.  No queda ninguna calle empedrada en su totalidad, y sólo algunos paños en mal estado.
En ellas las casas suelen ser de una sola planta o como máximo dos, de pequeñas dimensiones, concentrando las dependencias para vivienda junto a las del ganado, los graneros y las cámaras. Pocas casas conservan el horno de cocer pan en el patio o en el exterior. En su mayoría están encaladas, aunque no faltan los ocres, marcando siempre los zócalos (mampostería o enfoscado visto, grises o azules). Los materiales empleados son la mampostería, el tapial con fajas de ladrillo y la teja árabe. Los vanos inferiores presentan sencilla rejería de forja. En el interior, los zaguanes empedrados y los techos en tabla y vigas de madera.
              Los pueblos pequeños o medianos son de planta con plazas medianas o grandes, distinguiéndose en ellos el casco antiguo del moderno. Aquí las construcciones son más grandes, de dos o tres plantas, aunque no faltan las de planta única. Continúan existiendo las dependencias para vivienda, animales, graneros y cámaras, y los materiales vienen a ser los mismos, manteniéndose la forja en los vanos inferiores. La diferencia con respecto a las aldeas estriba en que en las calles periféricas acostumbran a tener instalaciones agropecuarias y las construcciones tienen mayor volumen, presentando en el tejado canalizaciones en latón. En sus inmediaciones encontramos, lavaderos públicos, cementerios, minas abandonadas y ermitas.
  En los pueblos grandes, su casco urbano es muy heterogéneo, si bien se pueden encontrar, junto a casonas y pequeños palacios de la pequeña nobleza local, otras de estilo tradicional en las que es posible distinguir la adscripción social de sus habitantes por su forma y estructuras. La planta urbana puede ser oval o en estrella, por lo general son pueblos en cuesta, sobre todo los serranos, concentrados en torno a una plaza en donde se encuentra la iglesia. En su mayoría la casas son de dos o tres plantas, presentando las mismas características de aprovechamiento que antes, si bien aquí las casas de grandes y medianos propietarios abren portón en la calle lateral o posterior a la fachada principal, tienen grandes alerones e incluso gárgolas de latón. Además de los materiales ya citados, suelen emplear el ladrillo en los vanos y la rejería de las ventanas o ventanales inferiores es más elaborada que en los pueblos y aldeas anteriores.
La arquitectura popular de la zona serrana meridional tiene algunos rasgos diferenciadores. Esta es la zona, que junto al atractivo del entorno natural, el urbanismo y la arquitectura popular resultan del mayor interés debido al mantenimiento de líneas, formas y estructuras tradicionales incluso en las obras de reciente construcción. Son pueblos y aldeas de montaña, cada uno con su estilo propio.
En sus términos encontramos otras construcciones de indudable valor etnográfico como las casas de labor, quinterías, cortijos, chozo de pastores, ermitas, antiguas explotaciones mineras, tejeras, caleras, lavadero de animales, molino de viento, ventas, embarcaderos, antiguos balnearios, fuentes de agua agria, etc
De este conjunto de construcciones destacar los chozos de pastores que hasta hace pocos años era su vivienda habitual. Son de planta cilíndrica, hechos de enea y con varas de roble en su totalidad, o bien con base de mampostería y resto de ramaje, de techo cónico, con el burrero (otro chozo) al lado para los animales de tiro y los útiles. Los chozos pueden estar en descampado o junto a los quintos.
Los Quintos se componían por la casona del amo, las viviendas de los mayorales, de los guardas y de los gañanes, las cuadras y corrales, los hornos de pan y las dependencias para fabricar queso.
Otras construcciones de gran relevancia son las ventas. Situadas principalmente entorno al antigua Camino Real León, Toledo, Córdoba, Sevilla, concebidas como albergue para caminantes y animales de carga. Estas ventas fueron mencionadas en diversas fuentes históricas como son el “Repertorio” de Villuega (1546), el “itinerario” de Meneses (1568), las “Relaciones Topográficas” de Felipe II (1575), el “Itinerario” del milanés Cottogno (1616), el Catastro de Ensenada (1752), etc. Pero fue un caminante de excepción D. Miguel de Cervantes Saavedra, quien en sus viajes de Castilla a Andalucía debió recorrer este camino en repetidas ocasiones y hospedarse en las posadas para descansar tras duras jornadas de viaje. Estas experiencias le permitieron conocer parajes y lugares de estos campos, así como las costumbres y el carácter de los habitantes de la zona, que recogerá en El Quijote y en las Novelas Ejemplares. Las ventas cervantinas que se encuentran en Alcudia y que han podido ser localizadas son las de El Molinillo o de la Divina Pastora, hoy día en su ubicación hay instalaciones ganaderas, la del Alcalde, actualmente conocida como Venta de la Inés, habitada por la familia Ferreiro y la Venta Tejada, ya en plena Sierra en la vertiente del Valle del Montoro y Robledillo. También destacar la Venta del Zarzoso, junto a la Cañada Real Segoviana en muy buen estado de conservación. Y finalmente, otras ventas no cervantinas como la de Enmedio (totalmente desaparecida), cerca de la del Molinillo, la Bienvenida, en la aldea del mismo nombre, Venta Zulema, Peñuelas y Navas de Vacas. Reseñar que todo este elenco de itinerarios y parajes cervantinos son recogidos en su mayoría dentro de la Ruta del Quijote.