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Los vestigios históricos del Val do Limia, nos remontan al Paletolítico Inferior, período al que pertenecen un útil lítico, raederas y machetes , cuyo hallazgo en los bordes de la Laguna de Antela refrenda la atracción que sobre nuestros primigenios ejerció en este gran espacio, dada su inusitada riqueza en caza, recolección y pesca. Estas condiciones naturales serían aún más codiciadas durante el Mesolítico, debido al recalentamiento climático que hizo mermar las bases de aquella economía depredadora.
 
En Baltar y Entrimo, existen además petroglifos “típico costero atlántico” mientras que en los bordes de la Laguna de Antela, hubo más de un centenar de palafitos o viviendas lacustres, destruidas con la desecación del gran Lago Ibérico, aunque con restos inequívocos que contribuyeron a las fabulosas leyendas de origen germánico y panteísta, posteriormente cristianizadas y vinculas a la peregrinaciones que refieren el episodio de una ciudad sumergida (llamad Antioquía) o las secuencias del canto de gallo, el redoble de campanas, etc., que también se documentan en Irlanda, Bretaña , Alemania  Escandinavia, donde aparecen también armas en depósitos fluviales
 
En la Edad de Hierro, florecen los castros de los limici, quarquerni y coelerni. Podemos reconocer en esta “macrocomarca” muchos castros o poblados de vivos, a diferencia de los dólmenes megalíticos, destinados a los muertos. Esta cultura milenaria que llegó a fusionarse con la romana, marcó fuertemente la personalidad de todo el Val do Lima.
 
Los romanos colonizaron la Laguna de Antela y los límicos tuvieron una relevante jurisdicción: la Civitas Limicorum, y un destacado centro administrativo y comercial: el Forum Limicorum, que los últimos hallazgos sitúan en Xinzo, capital límica ya en época romana, y rival de Coeliobriga (Castromao).
 
En época alto medieval sobresalen dos edificios emblemáticos del arte europeo, la iglesia de Santa comba de Bande, obra de la segunda mitad del sigo VII, ambas ligadas a la actividad repobladora y a la fundacional de San Rosendo (uno de los grandes personajes de Historia de Galicia).
 
La separación de Portugal fracturó las comunidades del Val do Limia y condicionó la vida cotidiana de sus habitantes que se encontraron con una frontera o “raia” entre sociedades simbióticas, vinculadas por el río Limia, y determinaron el Couto Mixto, una especie de “república” fronteriza cuyas gentes podían elegir la nacionalidad española, lusa o simplemente ciudadanos del Couto (coto). Del universo medieval quedan vestigios de torres y castillos, de casa blasonadas, iglesias y capillas. Estas obras del arte románico rural fueron construidas por cuadrillas de canteros que habían aprendido el oficio al lado de los grandes maestros de las catedrales de Santiago y Ourense.
 
Durante el siglo XVI la población experimentó variaciones positivas, modificadas durante el crítico siglo XVII debido a las malas cosechas y crisis de subsistencia, si bien en el XVIII, la tendencia vuelve a ser positiva. El contrabando con Portugal se vio impulsado por la permeabilidad legal del Couto Mixto y la proximidad de la “raia”, aunque las guerras con este país afectaron intensamente a los pobladores del Val dol Limia, que a a veces vieron compensados sus sufrimientos con ciertas exenciones tributarias.
 
Muestra del poderío eclesiástico son las obras arquitectónicas y escultóricas que se realizan en estilo gótico, por ejemplo, en un gótico cercano al renacimiento, el convento franciscanos e O Bon Xesús en Trandeiras (Xinzo de Limia), ligado al mundo de los frailes mendicantes. Renacentista es la portada de San Xoán de Rairíz de Veiga y Santo Estevo de Sandiás (con influencias del arte manuelino portugués). Sin embargo, donde mejor se va a exhibir la pujanza económica del Val do Limia en al Edad Moderna, es en al arquitectura de sus templos monasteriales y parroquiales; que con la recepción del estilo barroco renuevan sus fábricas y adquieren mobiliario y ornamentos litúrgicos para el culto.
 
A finales del siglo XVIII, llegan a Bon Xesús de Tandeiras clérigos refractarios procedentes de la Francia revolucionaria y durante la Guerra de la Independencia, frente a las tropas napoleónicas cobró gran relevancia, la Junta de Lobeira, promotora de la resistencia guerrillera. Hubo tensiones localistas cuando la creación de los municipios y el liberalismo (que contó con defensores como el gran poeta cívico Curros Enríquez), conllevó la decadencia económica de la Iglesia, pero las desamortizaciones no beneficiaron a los campesinos debido a la pervivencia del sistema foral, cotos y jurisdicciones. En el siglo XIX, tuvieron eco en el Val do Limia, desde el agrarismo que culminó con la redención foral y la concienciación por la defensa de los intereses de los agricultores, hasta la difusión de las ideologías socialita, republicana y nacionalista. La Guerra Civil de 1936 y la posterior represión fueron dramáticas: la frontera sirvió para huir pero también para “ajusticiar”; la guerrilla antifranquista (maquis) tuvo bastante resonancia y los años cuarenta “Años del Hambre” aún son recordados como la larga dictadura “A Longa Noite de Pedra”, en palabras del poeta Celso Emilio Ferreiro. Dictadura que además contó con exiliados y opositores, como Xosé Velo, protagonista del secuestro del trasatlántico “Santa María”.
 
Desde 1950 desciende la población rural debido a una diáspora sin precedentes hacia ciudades gallegas y áreas industriales de España y Europa; decae el lino, prosperan el maíz, la patata, la ganadería y el comercio. A partir de los años sesenta hay cambios más pronunciados (envejecimiento demográfico, descenso de la natalidad, desecación de la Laguna de Antela, concentraciones parcelarias y mecanización agraria, difusión de granjas y selección de ganados) pero no se primó el desarrollo sostenible.
 
La llegada de la democracia en 1976 y la aprobación del Estatuto de Autonomía de Galicia en 1981, han supuesto la consolidación de un modelo de convivencia política y social, y el ingreso en la Unión Europea supuso la recepción de fondos para dinamizar determinados sectores productivos y promover iniciativas que respondan a la demanda actual del mercado: calidad frente a cantidad.